Procesión de Domingo de Ramos, salió a las 6:30 am. regreso a la 1:00 am.  del lunes Santo, tras 18.5 horas de piadoso recorrido en donde derramo su santa bendición a quienes salieron a su paso a recibirlo con mucho amor, Jesús fue cargado por 15,128 devotos y la Santísima Virgen fue cargada por 8,352 devotas, San Juan y Santa María Magdalena fueron cargados por un total de 4,640 mitad niños y niñas. Durante todo el recorrido fueron recibidos con muchas manifestaciones de fe, oraciones, agradecimientos, alfombras, flores, hortalizas, mantas con saludos, colegios y sus bandas interpretando honores a los Reyes del Universo y Domingo de Ramos.

El adorno de Jesús estuvo basado en la liturgia del día, plasmado en el Evangelio según San Mateo 21,9, “¡Hossana al hijo de David!  ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”, el adorno en el anda representó la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en donde fue recibido por la multitud con gritos, cantos de alegría, agitando palmas y ramos de olivo, fue recibido como el enviado de Dios, como el Mesías esperado,  el conjunto artístico sencillamente fue un paseo pedagógico con la representación del pasaje de la vivencia de un Domingo de Ramos.

Dios en su inmenso amor por nosotros envió a su único hijo para redimir nuestros pecados y con ello ser salvos, esto invita a que todos tengamos un corazón puro en donde prevalezca el amor, tomando como ejemplo a Jesús que con mucho amor dio  su vida por nosotros, siendo esta la más grande invitación a seguir su camino, Jesús es el rostro misericordioso del Padre, seamos entonces seguidores de su ejemplo y consolidarnos con nuestras acciones y servicio como Discípulos y Misioneros de Jesús. “Jesús Nazareno de los Milagros vuelve tu mirada y ten misericordia de nosotros.

El adorno de la Santísima Virgen estuvo basado en el Evangelio según San Lucas 1,46 “Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mí Salvador” El Magnificat de la Santísima Virgen María, cuando el ángel anunció a María el misterio de la Encarnación, le dijo también que su pariente Isabel había concebido un hijo en su vejez, y ya estaba a seis meses a la que llamaban estéril, todo el conjunto artístico se desarrolla en la casa de Isabel ya que la Santísima Virgen llego a visitarla, sucedió que, en cuanto Isabel escucho el saludo de María, el niño en su vientre salto de alegría e Isabel quedo llena del Espíritu Santo, y exclamando con gran voz “!Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?. En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

El saludo profético y la bienaventuranza de Isabel despertaron en María un eco, cuya expresión exterior es el himno que pronunció a continuación, el Magníficat, canto de alabanza a Dios por el favor que le había concedido a ella y, por medio de ella, a todo Israel. María, en efecto, dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre” (Lc 1, 46-56).

La Iglesia entona este cántico de alabanza todos los días en la celebración de las Vísperas, es decir, en la oración vespertina de la liturgia de las horas y nos invita a compartir la profunda fe de María que reconoce la grandeza de Dios y que acepta con humildad que los dones del Señor son totalmente gratuitos y misericordiosos. La fe que llevó a María hasta la casa de su pariente Isabel y que la hizo exclamar las grandezas de Dios es la misma fe que fue probada con el sufrimiento y que María mantuvo firme hasta en el momento de la cruz. “Dulce Madre dolorosa escucha nuestra plegaria”.